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domingo, 21 de enero de 2018

"El ácido nos ha arruinado la cara, pero no nuestra felicidad ni nuestros sueños"



Ritu Saini tenía 16 años cuando fue atacada por su primo como venganza por rechazar su propuesta de matrimonio. El ácido corrosivo derritió su nariz y su ojo izquierdo. Mientras el líquido le corría por las mejillas y el cuello, su piel se iba arrugando poco a poco. Recuerda la sensación de ardor incomprensible y la imposibilidad de ver nada. Mientras se retorcía de dolor en medio de una concurrida carretera en Rohtak, donde el ataque había ocurrido a plena luz del día, la gente pasaba y miraba, pero nadie acudía a ayudarle. Tras permanecer dos meses ingresada en el hospital le dieron el alta, pero se recluyó en casa durante un año. “Sentía dolor y mucha vergüenza, no quería que la gente me viera”, cuenta.

A Rupa Saa le atacó su madrastra. Ella tenía su propio hijo y no aceptó que fuera parte de su misma familia después de casarse. Rupa recuerda con exactitud el momento del ataque, así lo explica para el documental ‘We are survivors, not victims’: “Eran las dos y media de la madrugada. No había electricidad en el pueblo y estaba todo muy oscuro. Cuando el ácido cayó por mi cara me desperté pensando que estaba lloviendo. Empecé a gritar, mi visión estaba borrosa y empezó a oler mal, como a quemado. Mi cara ardía como el infierno y solo deseaba poder ir a algún lugar frío.”

Las historias de Ritu y Rupa no sólo tienen en común los ataques. Para ellas todo cambió cuando descubrieron la organización Chhanv Foundation, su campaña Stop Acid Attacks y de esta manera la oportunidad de trabajar de cara al público en una cafetería llamada Sheroes Hangout. Así rompieron las barreras del ostracismo al que son condenadas en una sociedad que les repudia y les culpa, recuperaron su autoestima y, sobre todo, su sonrisa. Ahora son supervivientes, no víctimas, y no dudan en recalcarlo una y otra vez para reafirmarse en su convicción y que el mundo sepa que continúan con ganas de vivir y de luchar para que estos casos no sigan repitiéndose. Según datos de la organización, India es uno de los tres países junto con Camboya y Bangladesh donde ocurren más ataques con ácido, la mayoría de veces por disputas económicas o rechazos sentimentales.

La cafetería Sheroes Hangout se encuentra en la turística ciudad de Agra, cerca del Taj Mahal. ‘She-heroes hangout’ significa ‘lugar de reunión de las heroínas’, y ese es precisamente el objetivo del pequeño establecimiento: reunir a supervivientes para que se conozcan, reúnan fuerzas y salgan adelante juntas realizando charlas y talleres, al mismo tiempo que logran ser independientes económicamente y volver a adentrarse en el mundo laboral, algo especialmente difícil tras los ataques de ácido. “La idea es que aprendan el funcionamiento de la cafetería para que si quieren, abran otra en sus ciudades” explica Alok Dixit, fundador de la organización Chhanv. De hecho, ya existen dos cafeterías más en otras ciudades de India.


Al entrar huele a chai, la paz inunda los sentidos y los ojos de los visitantes recorren, curiosos, el establecimiento. Está pintado de colores vivos y sus paredes repletas de dibujos y de fotografías de las supervivientes. Hay libros, llaveros y postales a la venta para apoyar el proyecto. La música tradicional acompaña el ambiente y mientras la gente espera su comida sentada en sus sillones de mimbre, una gran estantería repleta de libros de viajes, novelas y teoría feminista esperan a ser leídos. Tras descubrir los platos que carta esconde, se paga la voluntad, pues el precio no está establecido.

“Después de unirnos a la campaña de Stop Acid Attacks la vida comenzó de nuevo para nosotras. Antes nos encerrábamos en casa, todo el día pensando en lo que había pasado. Ahora tenemos una nueva vida. Fuerza para vivir. Solíamos pensar que preferíamos haber muerto, pero ahora queremos vivir. La gente viene, habla con nosotras, hemos hecho muchos amigos en la cafetería. Ya no tenemos miedo de que nos pase algo malo, porque la realidad es que ya nos ha ocurrido. Ahora solo pueden venir cosas mejores. No podemos dejar que mueran nuestros sueños ni nuestra felicidad. Ahora somos luchadoras, no víctimas” sentencian las supervivientes.

Fácil acceso al ácido

Según la organización Stop Acid Attacks existen entre 250 y 300 ataques de ácido en India cada año, aunque es difícil contabilizarlas por la falta de datos oficiales. Tras varias manifestaciones y una gran campaña de la organización, en 2013 el Tribunal Supremo tipificó como delito estos ataques, endureció la regulación para la venta de sustancias químicas y obligó a los gobiernos estatales a compensar a todas las víctimas con 300.000 rupias (4000 euros). Medidas que a pie de calle son papel mojado ya que el 80% de las supervivientes no reciben la cantidad compensatoria, tal como afirma la organización Make Love Not Scars. La impunidad sigue imperando y el ácido continúa siendo accesible y barato, tanto como 25 céntimos de euro.

Contra el ostracismo y el concepto de belleza

Los ataques de ácido son premeditados y buscan satisfacer deseos de venganza. En la mayoría de los casos se provoca un estigma y una humillación de por vida. “No quieren matarte, quieren hacerte tan fea que nadie te quiera”, explica Saini. Las supervivientes han sabido sortear la trampa en la que sus atacantes querían que cayesen, y han decidido seguir con sus vidas sin miedo, sin vergüenza, y tras varias operaciones, aceptando su nuevo aspecto. “La belleza exterior es momentánea. Siento que ser hermoso por dentro es lo importante, dura toda la vida. Piénsalo, incluso el hombre que me atacó con ácido era bello en el exterior”.

Fuente: Público

miércoles, 9 de septiembre de 2015

La maldición de ser niñas. Documental.

100 millones sería el número de niñas que faltaría en el mundo hoy en día, niñas que no se les permitió nacer o que no se les permitió vivir. Asia y Oriente aún conservan uno de los patriarcados más crudos, reales y latentes de nuestro planeta.Aborda la terrible realidad que se cierne sobre las mujeres del continente asiático.
India, Pakistán y China son algunos de los países que practican el infanticidio. Cientos de miles de niñas desaparecen nada más nacer. Ni la medicina ni las leyes han conseguido erradicar esta práctica. Este documental pone de manifiesto una terrible realidad y descubre la maldición que se cierne sobre las mujeres del continente asiático.



miércoles, 2 de septiembre de 2015

Condenadas a ser violadas y desfilar desnudas. Actúa con Amnistía Internacional.



Una joven de 23 años y su hermana de 15 han sido condenadas a ser violadas como castigo después de que su hermano se fugara con una mujer casada. ¡Protégelas!


“La decisión de los jat es inapelable. No nos escuchan, y la policía tampoco. 
La policía dice que ahora cualquiera podría ser víctima de un asesinato"

(familiar de las mujeres condenadas)

A finales de julio, un consejo municipal no electo y formado solo por hombres en Uttar Pradesh -al norte de la India- condenó a Meenakshi de 23 años y a su hermana de 15 años a ser violadas y a que se las hiciera desfilar desnudas. Antes de que se ejecutara la sentencia, las dos hermanas huyeron del pueblo temiendo por su seguridad

¿Cuál es su delito? En mayo, su hermano se había fugado con una mujer casada de familia jat, perteneciente a una casta dominante. El consejo municipal decidió que la violación de las dos hermanas sería el castigo por las acciones de su hermano. 

Su familia teme por su seguridad. En agosto Meenakshi solicitó protección para su familia al Tribunal Supremo para que pudieran volver a su hogar. La familia dice que también les preocupa la seguridad de la mujer que se fugó con su hermano, y que afirma estar embarazada. 

El padre de las chicas ha presentado una denuncia ante la Comisión Nacional de Derechos Humanos y ante la Comisión Nacional de las Castas Reconocidas. El Tribunal Supremo ha ordenado a las autoridades de Uttar Pradesh que respondan a la petición no más tarde del 15 de septiembre. "Desde que acudimos al Tribunal Supremo, la gente del pueblo se ha vuelto aún más agresiva", afirma otro de sus hermanos. 

Los consejos municipales no electos son habituales en algunas partes de India. Suelen estar formados por hombres mayores pertenecientes a castas dominantes, y sus reglas gobiernan los comportamientos e interacciones sociales en los pueblos. En 2011, el Tribunal Supremo de la India ya afirmó que los decretos de estos consejos son ilegales. 


¡ACTÚA! Escribe al Director General de la Policía solicitando su protección y una investigación de la condena. Para ello pincha en este enlace a la campaña de Amnistía Internacional y difunde la noticia por donde puedas.

sábado, 4 de octubre de 2014

Las ‘devadasi’: niñas de propiedad pública

Publicado por Teresa Santoro en El País
  • Una tradición ancestral india obliga a que niñas de las castas más bajas sean destinadas a satisfacer las necesidades sexuales de los hombres del pueblo
  • Aunque la práctica está prohibida por ley, sigue vigente y está contribuyendo a la expansión del VIH
Ayshwarya y su madre fueron devadasis. / MANOS UNIDAS

Había oído hablar de las mujeres devadasi a alguna de mis compañeras de Manos Unidas. Se mencionaban de pasada en alguno de los proyectos que apoyamos, pero no llegaba a entender bien en qué consistía el sistema de las devadasi, una tradición ancestral por la que mujeres y niñas de la casta más baja son ofrecidas a la diosa Yallamma para ayudar a los sacerdotes con las ofrendas a los dioses. Una vez alcanzada la pubertad, están obligadas a satisfacer sexualmente a los hombres del pueblo; nunca pueden negarse a ello y tampoco les está permitido casarse. Pasan a ser un bien público.

Mi contacto con la realidad de las devadasi fue en el año 2006, en uno de mis primeros viajes a India. Íbamos a identificar un proyecto para el que pedían un centro de formación para trabajadoras de la salud,y en el mismo recinto había una escuela de educación primaria que solicitaba una ampliación para poder acoger a más niños. Está en Jewargi, al sur de la ciudad de Gulbarga, en la zona norte del Estado de Karnataka, en la parte central del subcontinente indio.

Uno de los profesores nos iba explicando los problemas que tenían: la falta de espacio o las dificultades para mantener su asistencia al colegio y para integrarlas en la sociedad. Se pretende que en la escuela se formen y se preparen para que se nieguen a afrontar el futuro al que se ven abocadas. Estábamos en la parte baja del centro; era un pasillo abierto por uno de los laterales, pintado de un verde fuerte, y a los lados había unas niñitas de unos siete a 10 años aproximadamente —es muy difícil calcular la edad en India por la malnutrición que sufren—. Iban pintadas, llenas de collares, pulseras… Como cualquier trabajadora del sexo que podamos encontrar en una de nuestras ciudades. El responsable del centro iba contándonos alguno de los casos de las niñas que allí había y nos explicó por qué había madres en el exterior: estaban vigilando a sus hijas para que nadie abusara de ellas sin que la familia obtuviese previamente un beneficio.

Madre e hija, ambas devadasis. /MANOS UNIDAS

A través de uno de los trabajadores sociales les hacíamos preguntas, como por ejemplo si estaban contentas de estar en la escuela y si ya sabían leer, qué les gustaría ser el día de mañana, etc. Ellas contestaban muy serias, excepto cuando les mencionábamos el tema del matrimonio. En general, las niñas nos decían que toda su ilusión era poder casarse y tener hijos. Mientras, las madres que seguían fuera, a una cierta distancia, tenían las caras más tristes que nunca he visto en India….¡Qué pena ver que a esas niñas no las iban dejar casarse nunca! Se nos hacía un nudo en la garganta por la emoción mientras las pequeñas sonreían abiertamente pensando que el día de mañana llegarían a tener una vida más digna.

Los padres deciden desde la infancia entregar a su hija —generalmente cuando tienen entre cuatro y ocho años— a la diosa Yellamma y la condenan de por vida a ejercer la prostitución. Así, su futuro y el de sus hijos está marcado para siempre. Antes de la época colonial llegaban a tener un estatus social alto y estaban bien consideradas. Según la tradición, las devadasi no se pueden casar. Pertenecen a familias de las castas más bajas, sin recursos económicos. Cuando alcanzan la pubertad, cualquier hombre las puede usar sexualmente.

El sistema de las devadasi está prohibido por una Ley del año 1982, que fue reformada en 1984 y 1988, pero sigue vigente en la práctica y está contribuyendo a la expansión del VIH. Por el norte de Karnataka pasa la carretera nacional más importante del Estado que une Bombay y Bangalore. Los camioneros paran, son contagiados por las devadasis, la mayoría con VIH, y continúan extendiendo la enfermedad en sus pueblos.

¿Cómo es posible que este sistema subsista?, nos preguntábamos. Es una manifestación más de la discriminación de género que existe en India. Las familias se libran de una boca a la que alimentar y, como no se casan, se libran también de la dote, dowry, que tendrían que entregar a la familia del futuro marido. El que nazca una niña en la India es una desgracia porque supone que, para poder darle la dote, tienen que pedir un préstamo y los prestamistas les cobran unos intereses que endeudan a la familia de por vida.

Al estar prohibido el sistema devadasi, ya no están en un templo, sino en lugares discretos y, la mayoría de las veces, en casa de sus padres.

Uno de los cursos de formación para niñas devadasis. / MANOS UNIDAS

En otro viaje fuimos a un dispensario para ver un ecógrafo que habíamos ayudado a financiar. Allí había un letrero enorme que informaba de que por ley tienen prohibido decir el sexo del futuro bebé, para evitar abortos selectivos de niñas.

Manos Unidas, siguiendo el principio de la subsidiaridad que está en su línea de actuación y a instancia de las trabajadoras sociales de Sindargi, está apoyando en la actualidad otro proyecto que pretende empoderar a las niñas devadasi con cursos que las capaciten para poder obtener ingresos propios y abandonar este sistema.

Estoy deseando visitar in situ este nuevo proyecto y conocer directamente de boca de las interesadas cómo ha cambiado su vida con la capacitación que hemos colaborado a mejorar.

Teresa Santoro es voluntaria y miembro del Departamento de Proyectos de Manos Unidas en Costa Oeste de India.

Prostitución en nombre de la tradición

Rakshita, una niña devadasi. / MANOS UNIDAS
Aunque pueda parecer mentira, en el Estado indio de Karnataka pervive en pleno siglo XXI una tradición ancestral cuyo origen es difícil de establecer. Las supersticiones, alimentadas por la pobreza y la ignorancia, llevan a muchas familias a ofrecer a algunas de sus niñas a los templos para librarse de los males que les afectan. 

Estas, una vez alcanzada la pubertad, se convierten en propiedad pública y son destinadas a satisfacer sexualmente a los hombres de su aldea. Una mujer devadasi nunca puede negarse ni casarse. Si lo hace, la diosa llevará la desgracia a sus parientes cercanos. 

Por su falta de instrucción, estas mujeres desconocen que la ley las apoya para negarse a esta práctica. Aunque en 1982 el Gobierno de Karnataka abolió esta práctica, no ofreció programas de reinserción para las víctimas, por lo que han buscado su sustento vendiendo sus cuerpos, ya que a las devadasi sólo les está permitido mendigar cuando alcanzan cierta edad y se ven repudiadas. Llaman a las puertas pidiendo limosna, llevando sobre sus cabezas el ídolo de la diosa a la que fueron dedicadas. Muchas de ellas, terminan en burdeles de Mumbai, Bangalore y Chennai, víctimas del tráfico sexual y de enfermedades como el sida.

El proyecto que apoya Manos Unidas se está desarrollando en la localidad de Sindargi, que dista 60 kilómetros de Bijapur, capital del distrito del mismo nombre. Allí, los Jesuitas, que llevan desde el año 2005 trabajando para que las devadasi sean conscientes de que la prostitución no es su único destino, y menos aún el de sus hijos. Las mujeres reciben asistencia y formación para abandonar de un negocio basado en la preeminencia natural de las castas superiores sobre los dalits o intocables.

Manos Unidas colaborará en la puesta en marcha de actividades como la formación de grupos de autoayuda, cursillos de concienciación sobre salud y discriminación por razón de sexo y de casta, clases de informática, de inglés y de otras materias de las que ya se han beneficiado unas 450 mujeres y sus hijos.

domingo, 23 de marzo de 2014

No es país para mujeres

Terrible documental realizado por Jon Sistiaga sobre la situación de las mujeres indias. Su título,   "No es país para mujeres".


jueves, 14 de noviembre de 2013

Máximo jerarca policial de India: “Si no pueden prevenir la violación, disfrútenla”


El máximo jerarca de la policía de India ha desatado la ira de las mujeres de su pueblo y de más allá de sus fronteras, tras señalar que “si no pueden prevenir la violación, disfrútenla”.

Ranjit Sinha, jefe del Buró de Investigación Central de India dio la declaración ayer martes durante una conferencia sobre apuestas deportivas ilegales y donde habló de la urgencia de legalizarlas para “al menos sacar algo de provecho”. “Al hablar de las apuestas ilegales, si no podemos reforzar las prohibiciones, pues es como en el caso de la violación, si no pueden prevenirla, disfrútenla”, habría dicho.

Sus declaraciones han dado la vuelta al mundo y han desatado la furia en su país donde, en este último año, se han presentado decenas de casos de violación y donde aún está fresco el recuerdo de la muerte de una joven de 23 años, quien falleció tras una brutal violación por parte de un grupo de hombres mientras viajaba a bordo de un autobús.

La líder del partido comunista de India, Brinda Kara, ha dicho que las declaraciones de Sinha son más que ofensivas para todas las mujeres del mundo. “Es asqueroso que un hombre a cargo de la investigación de decenas de violaciones en el país use esa analogía. Deberían de procesarlo por degradar a las mujeres de esa forma”.

Aunque Sinha se intentó disculpar hoy, no logró calmar los ánimos de millones de mujeres y defensores de los Derechos Humanos quienes están más que enfurecidos, y con sobrada razón.

Fuente: crhoy.com

domingo, 10 de noviembre de 2013

Cada 20 minutos una mujer es violada en la India



Policía a una joven en la India: "Desnúdate para demostrar que fuiste violada

Una adolescente de 14 años que se dirigió a la policía en la India para presentar una denuncia por violación, fue obligada a desnudarse delante de un oficial para demostrar que su denuncia por violación era cierta.
"Me llevó a una habitación, cerró la puerta y me pidió que me quitara la ropa", dijo la chica en su denuncia. Supuestamente, el oficial de policía también insultó a la adolescente, informa el diario 'The Times of India'.

El agente le dijo a la chica que lo acompañara a una habitación después de que su padre se negara a pagar 50.000 rupias (800 dólares) a la policía para registrar la denuncia y detener al acusado.

El incidente salió a la luz después de que la familia afectada presentara una nueva denuncia ante el superintendente de la policía de Kushinagar, acusando al policía de alto rango de exigir dinero y humillar a la chica. Solo después de aquello la policía actuó y detuvo al acusado.

Según la Oficina Nacional de Registro de Delitos, una mujer es violada en la India cada 20 minutos. El número de niñas que son víctimas de violación se ha incrementado en un 336% en los últimos 10 años. Hace un par de meses cuatro niñas de entre 12 y 14 años que estaban hospedadas en un hostal en el este del país fueron secuestradas y violadas por unos 20 hombres.

El tiempo medio de espera para que el poder judicial trate un caso de violación en la India es de más de 600 días y muchos de ellos se prolongan entre 5 y 10 años hasta que se completan. En marzo de 2013 había 24.000 casos de asalto sexual pendientes ante los Tribunales Superiores del Estado y la Corte Suprema de la India. Además, los estudios revelan que las mujeres son más propensas a denunciar delitos sexuales si las mujeres policías están de servicio, pues cuando lo hacen ante oficiales masculinos, a menudo son humilladas.
Fuente: RT

Vídeo emitido en La 6