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miércoles, 17 de septiembre de 2014

La desigualdad de la mujer en 10 datos

Información de En feminino.com


Todavía vivimos en un mundo en el que el género de una persona puede tener consecuencias importantes en su futuro. Si eres hombre, especialmente si eres un hombre blanco, esas consecuencias pueden ser muy positivas. Sin embargo, si eres mujer, el futuro se vislumbra con más obstáculos por muchos factores.

Pese a que superficialmente puede parecer que cada vez más las mujeres están alcanzando la igualdad de condiciones con respecto a los hombres, lo cierto es que los prejuicios contra las mujeres siguen existiendo. Aquí tenéis tan sólo una muestra de la situación de la mujer en el mundo:


1. 2,4 millones de personas en el mundo son sometidas a trabajos forzosos. El 80% de los casos son mujeres y niñas, que se ven forzadas a algún tipo de explotación sexual (Estudio de ACNUR).

2. Un tercio de las mujeres son casadas antes de los 18 años. Y 1 de cada 9 se casa antes de cumplir los 15 (Estudio Internacional "Child Marriage Facts & Figures").

3. Las adolescentes menores de 15 años tienen 5 veces más probabilidades de morir en un parto que las mujeres que están en la veintena (Estudio Internacional "Child Marriage Facts & Figures").

4. El 38% de las mujeres que mueren en el mundo es a causa de la violencia de género (WHO, Reportaje "Violence of Women").

5. Recientes estudios aseguran que la brecha salarial podría tardar más de 75 años en desaparecer (Oxfam).

6. Aproximadamente el 40-50% de las mujeres que viven en la Unión Europea sufren acoso en el trabajo (Amarsanaa Darisuren, UNWomen).

7. Globalmente, solo el 21% de los puestos directivos son ocupados por mujeres (Internationalbusinessreport.com).

8. Sólo el 4,8% del listado Fortune 500 CEOs son mujeres (catalyst.org).

9. Sólo 2 mujeres de color han formado parte del Senado de Estados Unidos (cawp.rutgers.edu)

10. Las mujeres representan dos tercios de los 792 millones de adultos analfabetos en el mundo (Unesco).



​Aparentemente, somos demasiado emocionales para ser líderes influyentes a nivel mundial, demasiado irracionales para actuar como CEOs y demasiado inmorales para tomar decisiones sobre nuestro propio control de la natalidad. Sin embargo en los países donde las mujeres tienen acceso a una educación superior, las chicas nos graduamos en un mayor porcentaje que los chicos. Por otro lado, en los países en los que las niñas no pueden acceder a la educación se han promulgado importantes movimientos para cumplir su innato deseo de aprender para llegar a ser miembros influyentes en sus comunidades. Después de los tristes estudios que todavía hoy informan de la brecha salarial entre hombres y mujeres, la angustiosa frecuencia de los abusos sexuales a mujeres, sobre todo en países como El Congo o la India, así como el increíble aumento de la violencia de género durante los últimos meses, cabe destacar las últimas cifras de nuestro país en las que ascienden a 48 las víctimas por violencia machista, son tan sólo un ejemplo que nos muestra que todavía estamos bastante lejos de la igualdad. ¿Pensáis que es la hora que de verdad haya un cambio significativo en la situación de la mujer en el mundo?

lunes, 23 de diciembre de 2013

¿Quiénes son las mujeres que abortan?

Excelente spot de campaña en defensa de la ley de aborto en España.


La herencia del franquismo

Artículo de Lidia Falcón publicada en Público. es contra la ley del aborto de Gallardón.

No creí que se atrevieran. Durante dos años, y antes, en la campaña electoral, los dirigentes del PP han estado amenazando a las mujeres, y en general a toda la sociedad, con penalizar, prohibir y dificultar la posibilidad de practicar el aborto. Pero las protestas de los grupos feministas, los comentarios desfavorables de amplios sectores políticos e intelectuales, tanto hombres como mujeres, y la campaña de escándalo que tal propósito mereció en casi todos los países avanzados, retrasaron la puesta en práctica de tales medidas. Desde Australia a Estados Unidos, pasando por Portugal y Noruega, las feministas me preguntaban continuamente si sería cierto que se iba a aprobar una ley como la anunciada, y tanto se retrasaba que dudé de que llegaran a realizarlo. Pero al fin ahí está el proyecto.

Cierto que hubo un tiempo en que Gallardón amenazó con suprimir el supuesto de violación como exculpatorio del aborto, pero no solo la OMS y el Comité de No discriminación de la Mujer de Naciones Unidas lo aprueban y recomiendan, sino que con toda seguridad las mujeres de su partido –y quien sabe cuantos hombres- le pusieron el límite a sus delirios ultra. Pero ya nos encontramos en la misma situación que en los primeros años ochenta, cuando las feministas nos extenuamos en reclamar el derecho de las mujeres a disponer no solo de su propio cuerpo sino también de su vida futura, hipotecada para siempre por una maternidad no deseada.

Transcurridos treinta años de aquellas luchas, parece una pesadilla encontrarnos de nuevo en la calle gritando que nuestro cuerpo es nuestro, que nuestros vientres y su capacidad para procrear no pertenecen ni a la Iglesia católica, ni al legislador, ni al juez ni al médico, ni siquiera al hombre que ha engendrado el embrión, todos los poderes que siempre se han apropiado de la capacidad de reproducción de las mujeres, haciéndose dueños de su útero y de su vida.

En estos últimos meses, y seguirán en los siguientes, se han publicado y repetido los argumentos feministas, sociológicos, médicos y de derechos humanos que defienden la decisión única de la gestante para interrumpir el embarazo. Constituyen el fundamento del reconocimiento de las mujeres como seres humanos libres, como ciudadanas, como sujetos de derecho social, moral y político. Se ha descrito, con toda veracidad, el panorama de las desgracias que las acechan de ponerse en práctica tal ley, así como de la enorme penalización económica para toda la sociedad que suponen los abortos clandestinos, con sus secuelas para la salud, los viajes a ciudades extranjeras, el pago de las clínicas privadas, sin que se pueda cuantificar el sufrimiento que todo ello supone para la mujer y las personas que la quieran. Por tanto, no voy a repetirlos.

Pero sí quiero hacer una reflexión de lo que esta ley supone desde una óptica política. Es una demostración más, con la Ley de Memoria Histórica, el archivo de los procesos contra los asesinos franquistas, el abandono de la búsqueda de los restos de las víctimas en todas las cunetas de España, la ocultación de la historia de este siglo último en las escuelas y los medios de comunicación, de que el franquismo ni se ha extinguido ni se ha archivado ni se persigue, sino que sigue gobernando.

La persecución del aborto fue una de las señas de identidad del fascismo que perduró en nuestro país bastante más que los cuarenta años que se señalan de dictadura. Teniendo en cuenta que en Castilla y León, en Galicia, en Andalucía, en Extremadura, la dictadura se impuso inmediatamente después del 18 de julio y que la Constitución no se aprobó hasta 1978, el franquismo estuvo victorioso e imperante cuarenta y dos años en la mitad del país. Pero hay que añadir que la mayoría de los dirigentes de la tan alabada Transición eran franquistas de carnet, con camisa azul hasta la víspera de convertirse en demócratas; que impusieron esta Constitución con su defensa “del derecho a la vida”; que los mismos apellidos de la derecha centenaria siguen rigiendo la economía, la política y la cultura, y que la Iglesia católica española es más reaccionaria que las nuevas tendencias papales, por lo que en nada puede extrañarnos esta ley Gallardón.

En todo caso lo que me extraña es la sorpresa y el escándalo de los sectores feministas y de izquierda ante las reformas legales y económicas que está llevando a cabo el gobierno del PP. Parecen creer que la democracia que tanto les han publicitado se había asentado definitivamente en nuestro país. Al parecer la sociedad padece una profunda amnesia y ya no recuerda lo que es la derecha española, cuando solo hace diez años que seguía gobernando. Cierto es que José María Aznar y sus equipos no pusieron en cuestión la reforma legal de 1983 en la que se despenalizaban tres supuestos de aborto, y que esta nueva ley viene incluso a restringir, pero resultaba absolutamente ingenuo suponer que Rajoy y compañía iban a consentir que se definiera como un derecho de las mujeres que puedan practicarse un aborto sin pedir permiso a nadie, aunque solo durante el bien corto plazo de 14 semanas, y a pesar de que tal práctica siempre es un delito que jamás ha sido borrado del Código Penal.

Si alguna revancha tenía que tomar el gobierno de ultra derecha que nos oprime contra los tímidos avances que el feminismo había logrado, si de alguna manera podía vengarse de que las mujeres ya no seamos las esclavas que disponía la legislación de la dictadura, si finalmente tenía que presentarse ante la Iglesia católica, su gran aliada y cómplice, como el garante de los principios tridentinos, tenía que ser volviendo a prohibir el derecho de la mujer a ser dueña de su cuerpo y de su destino.

En el ADN de la derecha, de la Iglesia, de todas las fuerzas reaccionarias está dominar a las mujeres, someterlas a su insustituible labor maternal, mantenerlas como las fuerzas reproductoras a las que hay que obligar a parir, tanto si lo desean como si no.

Esta ley de Gallardón se entronca directamente con todas las disposiciones y doctrinas franquistas que imperaron casi medio siglo en nuestra historia reciente. Viene a probar, una vez más, que la Transición y la supuesta democracia que trajo aquella son herederas directas del franquismo. Y que solo una ruptura radical con los dirigentes del fascismo y derrocando el régimen monárquico y patriarcal que nos oprime podremos las mujeres alcanzar nuestra propia

jueves, 15 de noviembre de 2012

“No soy propiedad de nadie. No somos animales”


ALEJANDRA AGUDO

Rosa Ojeda, campesina y activista feminista en Perú, reclama el derecho de las mujeres a poseer las tierras que cultivan y que tradicionalmente heredan los hombres

Rosa Ojeda
Sus manos pequeñas pero fuertes revelan muchos otoños de siembra y recogida de lo que da la tierra. Pero Rosa Ojeda, de 50 años, es más que una campesina de una zona rural de Perú. Su defensa por el derecho de las mujeres a ser dueñas de los terrenos que trabajan y que por tradición heredan los hombres, ha derivado en una lucha personal por la igualdad de género en su país. Desde la niñez ha buscado la independencia. Empezó vendiendo quesos con nueve años para tener sus propios recursos, en contra de la voluntad de su padre. Hoy es vicepresidenta de laFederación Nacional de Mujeres Campesinas, Artesanas, Indígenas, Nativas y Asalariadas del Perú. En el tiempo transcurrido entre estos dos momentos vitales Ojeda ha nadado a contracorriente, superando tradiciones machistas que no entiende ni le gustan, algunas todavía por erradicar.

“Lo más doloroso es que no podamos poseer la chacra (terreno en el campo)”, lamenta. Ojeda habla con ternura de las papas que cultiva en las tierras que le dejaron sus padres al fallecer y de las que sus hermanos se desentendieron. Y critica que el entrante (pescado) no esté acompañado de patatas como sí se hace en Perú. Ella suele cocinar en casa y lo sabe bien. Encargarse del hogar es uno de los tres roles que cumple la mujer en su país, sobre todo en las zonas rurales, explica. Los otros dos son el campo y el reproductivo. Pero ella se cansó hace tiempo de que la mujer tenga que ser sumisa en la cama. “Yo no soy propiedad de nadie. No somos animales”, se queja. Sus ideas y su lucha le han costado el rechazo de su esposo y de alguno de sus hijos. “El impuesto es caro, pero lo pago por todas”, llora.

Ojeda no tuvo oportunidad de cursar más allá de la primaria. “La educación estaba reservada a los varones”, afirma, “pero yo era inquieta y me ayudé a mí misma”. De adulta, casada y con cinco hijos, empezó a estudiar por las noches. Primero cursos de capacitación de trabajadoras rurales; después, enfermería. “Capté que la formación era importante para las mujeres”. Aunque ganó algunas batallas en solitario en su provincia —buscando apoyos de puerta en puerta— para desarrollar programas de enseñanza para sus vecinas, sabía que sola no podría cambiar las cosas. Por eso se involucró en diferentes asociaciones hasta que en 2006 se creó la federación de la que hoy es vicepresidenta. “Ya estamos en 16 regiones y aglutinamos a 126.000 mujeres”, detalla orgullosa.

Nada parece poder frenar la lucha de Ojeda; ni siquiera sus dolores de espalda por cargar más arrobas de las que puede soportar. Esta vez el sacrificio ha sido amable. Ha venido a España —“me he sentido como una princesa en un hotel con tantos lujos”, confiesa— para explicar por qué es importante que las mujeres posean la tierra, en el marco de los encuentros Envivo que organiza Intermón Oxfam. No solo es una cuestión de justicia e igualdad, dice Ojeda, sino que está en juego la protección de la tierra. “Somos guardianas de las semillas y de la chacra”, asegura. Y alerta de que el Gobierno peruano planea vender algunos terrenos cultivados por mujeres para explotación minera. “Cuando algún día seamos autoridades —porque también queremos participar en la política— conseguiremos que no se siembre más cemento. Mata nuestra madre tierra”. 

Fuente: El País